domingo, 21 de octubre de 2012

Dejavu


Aún me queda una fila extensa por recorrer, y al cabo de las 8:10 de la noche, el día para qué narrarlo, sólo aviva el carbón que con mucho esfuerzo trato de mitigar, sólo esgrimí con la más atrincherada e incontrolable furia las insatisfacciones del día, la gente muy esforzada por maltratar mi paciencia; las encontré por todas partes y en muchas circunstancias, quizás al puro estilo de Jonás quise evitar ir a Nínive, mas si escapar a Tarsis, así acabar con la amargura del mandato de vivir con todo esto y aquí.

Literalmente empiezo calentándome (frase que siempre emplea el viejo), porque con nuestro sol y un encuentro de fulbito contra los policías que me fue muy esquivo en todos los sentidos arranqué, además de  haber sido citado para temprano y pasarme como en hospital del seguro limeño esperando por el médico, la impuntualidad campea y oronda se pasea acompañando a todo el mundo.

Sin más remedio cargo mi derrota y broncas con algunos elementos policiales, que estoy seguro se la cobrarán; planeando dejar la ciudad y ver cosas nuevas, además de cumplir con quehaceres con los cuales me comprometí y debo cumplirlos, “hasta quemar el último cartucho”; abordo la misión de encaminarme al mugroso terminal y cruzar miradas y palabras con cuanto mentiroso y patán transportista se me abalance, no puedo asociarlos a la imagen de aves de rapiña, ya que esto me convertiría en carroña o presa sabrosa, y muchas cosas puedo ser, menos presa fácil.  Pretendo no haberlos visto siempre que hago intersecciones con ellos al caminar por aquel lugar, pero hoy es inevitable, y pregunto ingenuamente, ¿Y a qué hora sales?, y arremeten con el tsunami de mentiras: “contigo nos vamos”, “falta uno”, “al toque nomás”; y como para mi el tiempo es dinero, abordo el que menos me mienta, o al que su vehículo le permita mentir menos.  13:30, no hay mejor hora para viajar a Tarsis, sol perfecto, carro sin aire acondicionado, pasajeros infelices − ¿pero por qué?, si nos vamos a Tarsis –, el chofer inmundo y con pinta de patán quien ni corto ni perezoso ya me adelantó su tarifa usurera y tramposa, 25 luquitas, −es fin de semana pe primo− nadie le cree, la cuestión es simple, pocos piensan en el resto, sólo aprovecharse de su descaro y la malentendida libre ley de la oferta y demanda, además de su empresa, Pirata Tours S.A., gala que hizo él mismo al ufanarse ante la pregunta de otro pasajero inocente que trata de ganarse su confianza, realmente tiene pinta de malograo, pero lo que yo creo es que los malogrados no se ufanan de serlo, simplemente hacen honor a sus reputaciones y alias sin tener que promocionarlo a cuanto incauto pregunte, miran, acechan y atacan… colorín colorado, el incauto está desgraciado, al fin y al cabo me desgració, se llevó 5 luquitas más.

Tras casi un par de horas, estaciono y bajo como el pescador que no vio puerto tres meses, ¡Al fin!, me digo, hago el pago, no sin dejarle una nota: “este acto a alguien se lo vas a pagar, por que la usura siempre encuentra a otra”.  En medio del calor, me salió una de Séneca.  No me felicito, fue a parar en un saco roto, a una letrina.

Ya en Tarsis, osea zona franca y listo para arrancar con la misión creo estar libre de todo, es otro aire y otra gente, pienso que todo me va a salir bien, y como a todo lugar al que voy uso la frase que dejó el viejo, arranco de aquí para allá y la paso bien.  

En el mercadito donde me despachan amables señoras que son expertas en transar y negociar con delincuentes y malograos, espero hallar el soñado artículo que me fue robado y de mala forma debo reemplazarlo, nada menos que comprando robado o sabré de que forma, quien sabe sea el mío, ni modo, alguien me desgració.

Acabadas las mesas de diálogo con los amantes de lo ajeno, y el resultado exitoso para mis intereses, me hallo haciendo cola para realizar un procedimiento desafortunado y obligado para no verme en problemas y en encuentros desagradables con otros facinerosos, los aduaneros.  La famosa declaración era algo esquivo e inerte para mí, siempre pude esconderme y por consiguiente burlarlo, pero ya desde un tiempo atrás, prefiero caminar como un ciudadano decente y honorable – mi visita a la cachina no me hizo muy decente −, así evito confrontaciones con mi carácter y el resto.

Pero en esta cola reflexiono con impavidez y orgullo ante el dejavu que percibo; ¡Yo estuve aquí antes!, ¡sí! Lo estuve, me digo con cierta alegría que termina en un chispazo alegrándome, porque vienen a mi memoria momentos grandiosos.

Hablamos de ellos pronto.
Dios los bendiga.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Pepi y las Niñas


♪ Pedro, Juan, Jacobo en el Barco ♪
Pedro, Juan, Jacobo en el Barco
Pedro, Juan, Jacobo en el Barco♫
Allá en el inmenso mar
♪Allá en el inmenso mar♪

Sonaba en el recinto de adobe, pequeño como sus albergados.  Las paredes no retumbaban, cualquiera debía especular que sí, porque también se aprendía canto y de calidad, entre otras cosas.  El coro se repetía en varias oportunidades para no fracasar en el instante en que los pequeños “calichines” se harían frente al jurado, toda la congregación en su conjunto oiría el producto de algunas horas de ensayo y enseñanza, a la maestra no se le podía fallar y menos ofrecer algo impresentable, que daría lugar a que la tristeza coquetee con la noble maestra y con ello desaparecer su sonrisa del angelical rostro.

La Escuela Dominical era un órgano de apoyo que se estableció con el único fin de adoctrinar y formar en los niños que se encontraban distribuidos en varias categorías, el amor a Dios, mediante el conocimiento de La Biblia.  La enseñanza iba desde la creación hasta el sacrificio en la cruz y su encargo con nosotros,  con su perfecto significado.  Toda esta enseñanza debía ser adecuada para que se entienda y llegue a las jóvenes mentes, todo ello tenía que recibirse con alegría y motivación, debía adoptar otro método, otras figuras, toda una gama de variantes que al final tendrían el mismo significado.  

Las bancas, un tablón de madera apoyado en dos patas anchas en cada extremo, las piernas colgaban y se balanceaban al ritmo de una alabanza o por la ansiedad de salir frente al jurado, las niñas siempre lucían encantadoras, eran siempre un ramo de flores de todo tipo, color, tamaño y sabor que adornaba aquel pequeño salón que hoy ya no existe.  Vestidos rosados en A con bobos por lo general, zapatos blancos de charol, medias a-gogo, la clásica vincha en el cabello que hacía juego con los zapatos o con el vestido; lucían impecables.  Todas ellas se la pasaban hablando de cómo vestía y se veía tal o cual hermana joven, las admiraban, lo hacían también con los jóvenes de la iglesia y siempre tenían de qué hablar. Así eran las niñas.   

Michael era un muchacho que en aquellos tiempos era mi amigo, a pesar de ser atolondrado, excéntrico, medio loco y perfeccionista, igual; era mi amigo.  Su afición por algunas cosas que no eran normales para la mayoría de nosotros lo hacía excéntrico; hablaba con una rapidez increíble, era tan apasionado para exponer hasta su idea más absurda, su parloteo delirante lo hacia medio loco, igual era mi amigo; cuando accedíamos a su pretensión luego de haber oído su absurda propuesta con todo el frenesí de Michael y nosotros con imperturbable atención, esperábamos tener un ápice de autoridad para proponer un cambio de planes, pero la perfección del plan era inalterable, a pesar de todo ello, era mi amigo.

Toda la paciencia que tenía con él, reforzada con valores cristianos se echó a perder luego de sus pretensiones exaltadas para con la más dulce de las niñas, a quien yo no veía mas que como una dulce niña, es inevitable proponer que era guapa, pero para mi eso era todo.  No cabían más ideas en mi cabeza, tan sólo: “Que linda es”.  Michael emprendió una arrebatada carrera en pos de no sé qué, pero era con ella.  Lourdes mostraba que el desagrado puede llevar a la repulsión y el disgusto, pudo fácilmente ganar una demanda por acoso y hostigamiento, con orden de restricción incluida, pero él y su tonto entusiasmo no lo entendían así.  La insana persecución y hostigamiento eran repetidas durante cada domingo, debo suponer que cada mañana de domingo cuando la mamá de Lourdes le decía: Prepárate para la iglesia, ella debía imaginar lo que le esperaba, pobre Lourdes.  Era lógico el afán de Michael, Lourdes le gustaba y el cerebro le vibraba por ella, vibración que causaba que se le desacomoden los tornillos cada que la veía, así su maniático comportamiento marcaba rojo.  Un domingo de escuela dominical, no pude soportar el acoso del que era objeto Lourdes, no por algún sentimiento pasional que podría llevarme a la desgracia, tan sólo por querer acabar con el sufrimiento del cual era objeto la dulce Lourdes y sus zapatitos blancos.  

¡Oe Michael, deja de molestarla o te voy a pegar!


Si hubiese sabido que con esa frase sería suficiente para que el cerebro de Michael dejara de vibrar, lo habría hecho hace mucho tiempo.  No se si Lourdes quedó agradecida, pero si sé que quedó feliz de venir cada domingo y no encontrarse con un pretendiente maniático.  Si la obsesión surgía nuevamente, habría alguien que le hiciera frente.
  
Pepi
La frescura y descaro siempre persiguieron a Pepino, a donde iba sembraba antipatía, lo cierto es que Pepi era un descarado, no por malicia, si por inocencia más que por ignorancia.  Sus constantes coqueteos con la provocación y la fricción con sus compañeritos lo hacían un bribón, pero Pepi no lo era, y la verdad es que no entendía algunos estados como incomodidad y fastidio.

Pasaron años y Pepi creció como todos, se hizo hombre y dejó de ser incómodo, ahora si podía yo interpretar su inocencia, algunas cosas no las entendía, como en aquel tiempo.  Hasta hoy tiene su sonrisa pícara como quien sabe lo que dice o hace, pero en realidad no.  Se forjó en un camino difícil por la constante desventura que aquejaba la salud de su padre,  así que sólo se construyó y cultivó.

La antipatía lo dejó; lo que sí lo persiguió como a todos nosotros es la fe en nuestro Dios, gracias a lo sembrado en aquel tiempo por maestras como aquella, Pepi pudo hacer frente al deceso de su padre y seguir para adelante, pasando constantemente el trago amargo que significa la pérdida de un padre, pero sabiendo de la promesa que nuestro Señor nos dejó.  La esperanza en Él.

Dios los bendiga amigos
Seguimos pronto

lunes, 13 de agosto de 2012

La Escuela Dominical

Pepino de chico te pellizcaba, no le hacías nada y quien fuese que estuviese a su lado se ganaba con sus pellizcos que más allá del dolor, enojaban.  Le sudaban las manos y con mano aguada te agarraba del brazo, su mama le ponía un sombrero de lona y ala ancha con tira ajustable en el cuello porque Pepino los perdía, el sol era dañino y Pepino no se lo quitaba ni para dormir, si estabas a su lado te rozaba constantemente con el ala del sombrero por la frente o la oreja, si le decías algo al respecto sólo reía, su risa parecía burlona, lo que mostraba su poca sangre en la cara y el desparpajo ante la crítica.



En las clases de Escuela Dominical convergíamos niños de varias escalas sociales y costumbres, entre ellos Pepino o Pepi como lo llamaba su mamá, estaba el hijito de mamá, el callao que no respondía nunca nada,  las niñas que en su conjunto ya se veían señoritas, el tipo liso y contestón, había uno malcriao que poco duró,  y lógicamente el guerrero que siempre tuvo la misma actitud, reflexivo y pensante.  Todos asistíamos motivados por algún familiar que de muy buena gana incentivaba o condicionaba nuestra asistencia a la Escuela Dominical, después de todo; en la escuela dominical se premiaba la asistencia, al final claro está; luego de enseñar y reforzar todo aquel valor fundamental para un excelente desarrollo de los niños, niños que amaban a Dios.  No es exagerado, realmente fue fundamental.



Al callao lo veo a veces y no sé si me recuerda, yo si porque me hice amigo del callao, mi padre me enseñó a defender al desvalido o poco querido, la técnica me la inventé y me ligó muy bien, el chino y yo fuimos bien patas, hasta llegamos a jugar pelota varias veces, en la cancha ya no era el callao, menos mudo o peor, era un guerrero como yo y por eso fuimos amigos un buen tiempo, pero como pocas amistades de niñez perduran para siempre, llegó el momento de su partida de la congregación y de mi clase.  Tuve que conformarme y seguir compartiendo cosas con el engreído al que le fascinaba entrarle a las actividades que yo hacía, me invitaba a su casa con frecuencia para participar de su jolgorio, sus juguetes, y cierto es que despojándome de mi afán desdeñoso; sus juguetes si me vacilaban, seguro asistía a su casa por presión de mi madre para así dejar de enterrarme en la calle antigua corriendo tras una pelota de trapo, además; evitar el aprender las vulgaridades e improperios de mis “vecinitos”.  Nunca encajé con sus pares, nunca me agradaron las palabras ni su juego, todos eran como él, ahora; lo siguen siendo, trago y aguanto la sonrisa cuando hoy los veo, el mismo de siempre me digo.


El contestón era un morenito que no entendía el significado de la palabra “cállate”, esta interjección era la penúltima instancia para tomar una medida más precisa y disciplinaria, para poder desarrollar una clase más, se trataba de llenar su base de datos con palabras que signifiquen: “por favor presta atención que te van a pegar”,  yo quedaba absorto cuando veía todo salir por la otra oreja, en mi manual; si no estaba mi madre, estaba el maestro y eso es todo.  La última instancia ocurrió un día en que la maestra de Escuela Dominical que destilaba miel cada vez que hablaba, me arrullaba cuando nos enseñaba una canción, peor si me miraba, cada vez que me llevaba de aquí para allá, yo no obedecía, yo le pertenecía; aquel día al parecer vino dispuesta a no aguantarle más niñerías a este morenito, tuvo que irse para afuera de la clase, pequeño recinto de adobe, desde donde lo veíamos con cara de tonto, presumo que así se sintió, porque nunca más lo volví a ver en las clases dominicales con esa misma actitud.  Aquella oportunidad entendí que la maestra era perfecta.


El tipo malcriao, definición perfecta para él… malcriao, inmediatamente enlazo ese momento recordando a Carlos Argentino o Nelson Pinedo que sonaban en el micro de "calamina" antes de subir a casa.  A Elard lo recuerdo a la perfección, fenómeno extraño al no recordar a otros tan igual como lo recuerdo a él, era de tez pálida con ojos algo hundidos y por alguna extraña razón tenía unas ojeras impropias de un niño, delgado y fibroso con peinado de James Dean (Jackie Chun, para aquellos que no dan con James  Dean) y piernas chuecas.  Elard se ufanaba de ser Bruce Lee  y lo hacía en todas partes, yo había entendido que algunas cosas no podía  mezclar cuando estuviese en la Escuela Dominical, debía olvidar la calle y algunas palabrillas, me lo dijeron y la paré en primera. Tal vez yo no toleraba que otros no lo entendiesen, y menos que sean Bruce Lee, porque ¡Yooo! era Bruce Lee, afianzaba su antipatía el hecho que yo no supiese algunos trucos de Bruce Lee como si los sabía él, obviamente además de ser mal educado y no hacerle caso a la dulce maestra, de quien hasta hoy puedo decir que en su significado literal era un pan de Dios.  Así que ese último delito no se lo perdoné jamás, ¡de inmediato!... un tanto reflexivo, pensante y guerrero esperé que el maná de los israelitas en el desierto saliera de clase y nos dejara solos a todos… de pronto la mesa estaba servida, me puse de pie y le estampé un rico puñetazo en el rostro a Bruce Lee, así que a Operación Dragón sólo le quedó llorar y sobarse, este gesto pugilístico generó en mi un estado de éxtasis momentáneo, que ni la maestra con su mirada podría ocasionarlo.  El hecho no lo supo nadie más que los pequeños alumnos de escuela dominical, los mismos que jamás cometieron infidencia, seguramente con los chicos compartía también el sentimiento por nuestra maestra, las niñas no lo sé, hasta hoy es un secreto, supongo que ya debió prescribir.




La sonora matancera que sonaba en el micro estimulaba mi hambre y también llegar en un segundo a casa para decirle a mi viejo, estaba plenamente convencido que me felicitaría.  Ya en casa almorzamos y esperé el momento adecuado; domingo, media tarde, antes del peloteo en la calle: 


Papá en la Iglesia le metí un cuete al pata que se cree Bruce Lee
Estaba que molestaba en la clase y me sacó pica
¿Así? No digas…  a ver dime como le diste?
No sé, de pronto la maestra se fue y dije ahora quien te salva…
Me paré y fui y le di su cuete, se quedó llorado el pata, de ahí me dio pena…
Ya te dije tu no eres Bruce Lee, tu eres Charles Bronson, 
Suspiró profundo y... Ta bien hijo, pero no vuelvas a hacer eso porque le van a decir a tu mamá…
Y qué hacemos.  Ya ve a jugar.


Las niñas y Pepi quedan pendientes.
Dios los bendiga y seguimos pronto.

jueves, 2 de agosto de 2012

Amistades destructivas


Como dijo mi amigo el Dr. Martínez: “Norben, uno nunca deja de aprender”.  Hoy tomo su palabra y la uso para decir que no he dejado de aprender, sobretodo de la conducta del ser humano, para ser sincero; muy poco de gente proba y honesta, mas si, de la gente que sólo guarda agravios y espinas en su corazón.

Muy particularmente, desde hace unos años vengo aprendiendo de la gente dañina, la gente que hiere con la palabra y hasta con su respirar.  He llegado a pensar que el problema soy yo, pero leyendo, indagando y escarbando se encuentran respuestas, además de razones para desenmascarar cada agravio, cada intervención desleal.  

El concepto de amistad ha cambiado mucho en los últimos tiempos, ha sido reemplazado por todo lo que es negativo y superfluo, todo lo que es un obstáculo para la construcción de relaciones interpersonales brillantes y sólidas.  Es el problema de confundir lo original y genuino con lo que es imitación y superfluo.

Pero citaré una lectura que debería seguirse como norma por cada uno de nosotros.


Proverbios 17
1 Mejor es un bocado seco, y en paz,
Que casa de contiendas llena de provisiones.
4 El malo está atento al labio inicuo;
Y el mentiroso escucha la lengua detractora.
5 El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor;
Y el que se alegra de la calamidad no quedará sin castigo.
8 Piedra preciosa es el soborno para el que lo practica;
Adondequiera que se vuelve, halla prosperidad.
9 El que cubre la falta busca amistad;
Mas el que la divulga, aparta al amigo.
10 La reprensión aprovecha al entendido,
Más que cien azotes al necio.
11 El rebelde no busca sino el mal,
Y mensajero cruel será enviado contra él.
12 Mejor es encontrarse con una osa a la cual han robado sus cachorros,
Que con un fatuo en su necedad.
13 El que da mal por bien,
No se apartará el mal de su casa.
14 El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas;
Deja, pues, la contienda, antes que se enrede.
15 El que justifica al impío, y el que condena al justo,
Ambos son igualmente abominación a Jehová.
16 ¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría,
No teniendo entendimiento?
17 En todo tiempo ama el amigo,
Y es como un hermano en tiempo de angustia.


El capítulo consta de 28 versos, como verán he obviado algunos pero he dejado muchos resaltantes y sobretodo uno en el cual se valora la amistad.

Particularmente puedo sentirme dichoso de alguien, quien dejando halagos y formas casuales me diga sin temor alguno mi defectos y errores, más aún si los cometo con alguno de ellos.  Valoro más la amistad de alguien que en busca de mi mejora se atreve a corregirme, se atreve digo; por que pocos hay que tienen la fortaleza y pertinencia de decirte tu verdades, sin temor a ser desembarcado de su lista de amigos o eliminado de su facebook.

Muy por el contrario los hay aquellos que a punta de adulación, franela y cera construyen amistades de papel, de cartón que son más fuertes pero igual de endebles,  todos ellos; quienes poseídos por la vorágine de vanidad que devora al mundo a su gusto, no están  dispuestos a corregirse y mucho menos cambiar las apreciaciones erróneas o inexactas que tienen sus ”amigos”, pues prefieren seguir con su amistad de plástico a cambiarla por el roce continuo que puede significar abordar a mi amigo para corregirlo, al fin y al cabo es una pérdida de tiempo.  

Realmente prefiero quedarme con pocos a mi alrededor o “Probar un bocado seco y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones” (Proverbios 17:1) que compartir mi vida con la vanidad amante de lo consumible y frívolo.

En una ocasión un grupo de ladrones incursionaron en un museo reconocido Italiano, burlaron todo y fácilmente vulneraron toda seguridad a su paso, realmente eran unos expertos para no hacerse notar, y se llevaron todas las pinturas puestas en exhibición.  Pero de lo que ellos no sabían era de pinturas por que confundieron la imitación y barato por lo costoso y original, se llevaron pinturas de menor valor, de estudiantes y aficionados, mas las de Picaso , Monet  y Van Goh quedaron guardadas en otra sala.  De haber sabido de pintura estos ladrones hubieran podido mejorar su economía y logrado su objetivo.

Amigos hay pocos, no hay que confundirnos al elegir estimados amigos, debemos aceptar con actitud receptiva y agradecida la voz que nos corrige, realmente a aquellos se los puede contar  con la mano de un mutilado.  Pero esa condición puede cambiar si realmente estoy dispuesto construir amistades de acero que gustosas pondrían, literalmente las manos al fuego por ti.


Dios los bendiga amigos.
Seguimos pronto

viernes, 13 de julio de 2012

Feliz Aniversario, Edúcate, si quieres.


La creación, mantenimiento y uso de este Blog ha sido para nada tedioso, molestoso, aburrido ni nada que signifique pesar o desgano, todo lo contrario ha sido e incluso; me es más motivante que revisar las notificaciones del Facebook, porque no puedo ocultar que me emociona entrar a esta paginilla, ¿qué envidioso y fracasado me resulto al usar ese adjetivo para describirla verdad? Así que me retracto y le doy todas mis venias al facebook.   Mi blog ha pasado de ser un lugar que pensaba sería como un muro para pegar propaganda a ser mucho más que eso, es un lugar para mí, es mi espacio, cuando ingreso me sumerjo en él reviso todo lo que hay y lo que no hay, lo que le falta, lo que le sobra, las entradas antiguas, reviso los blogs que sigo y es ahí donde a veces me pierdo y quedo como Marty McFly(Volver al futuro) tratando de volver a mi realidad o a mi tiempo, las cosas que encuentro, las palabras, los retazos, las entrevistas entre otros me terminan seduciendo y hacen de mí; su esclavo.  Encontrarme con un escrito que valga la pena leer, es lo que para el chismoso sería un Facebook abierto, me resulta inevitable reír al hacer este último comentario.

El día 23 de junio este Blog cumplió 2 años de existencia, es cierto que no imaginé que llegaría a esta edad, mucho menos con un promedio de 2 publicaciones al mes, es una gran motivación para mi leer cada una de ellas y notar que las cosas van cambiando, en mi cabeza, en mi criterio y sobretodo mucho en mi forma de pensar y ver la cosas, de manera objetiva sobretodo.

Empecé algo ácido, con afán crítico y rebelde − lo cual nunca dejaré de ser − para luego pasar con suma suavidad a ser un poco más sentimental, algo emocionante y pasional con las publicaciones, no lo voy a negar me he encontrado como pez en el agua al escribir así, es sumamente placentero y cada vez lo será más.  Estoy seguro.

Hoy les dejo esto a mis amigos y todas aquellas personas que reciben la invitación y deciden gentilmente visitarme, aquellos amigos que me visitan con frecuencia y sin ser invitados entran, bienvenidos siempre, los que de forma chismosa y por consiguiente tortuosa seguro entran a ver qué tontería debe haber escrito este pata, − sé que no les gusto a todos – y también se los agradezco.   

Hoy pueden hacer preguntas, pueden dejar escritos, pueden dejar ideas, pueden escribir lo que se les antoje, estaré presto en responder, que es una forma de retribuir su asidua lectura y concurrencia.

Muchas gracias por ser mi motivación y permanecer cerca de mí de esta forma virtual, que al final me resulta tan deleitoso y delicioso, además que los principales protagonistas son ustedes queridos amigos.

Dios los bendiga
Seguimos muy pronto


jueves, 28 de junio de 2012

Los sueños y el trabajo


Mi afición por el fútbol viene de muchos años, el estímulo que generó mi viejo fue demasiado para hoy dejar este tan hermoso sentimiento, sea como futbolista, como espectador, como aficionado y todo lo que tenga que ver con la sensación que genere este deporte en mí, sana por cierto.

De adolescente pertenecí a un club de fútbol, el que por medio de un profesor reclutó a todos los chicos con capacidades y habilidades de mi promoción de colegio para poder representarlos en el campo de juego.  

Los entrenamientos se hacían en un campo de futbol de tierra y piedras, donde me hice y formé, se reforzaban en el colegio porque el profesor de educación física era también el director técnico del club, era mi primera incursión en un torneo de liga, la competencia no me asustaba, mis compañeros estaban cerca, no había caras nuevas y todo era conocido, el representante del club, un profesor, nos mimaba en ocasiones casi frecuentes con un sanguchito y refresco que era recibido como el pago de una prima o un premio por haber ganado un partido de futbol profesional, todos nos sentíamos importantes, venían a recogernos en una camioneta Dodge celeste para la firma de la inscripción, al inicio estaba ahí y se preocupaba por nosotros y nuestra salud.  ¿Qué te duele? decía en ocasiones, se acercaba y frotaba con mano temblorosa y gesto preocupado, nos llevaban en la misma camioneta a todos a los partidos, esto nos hacía sentir importantes, valgo para alguien, pensaba yo; el hecho de no ser este Señor mi familia con su actitud realzaba la importancia que se le daba a las pequeñas promesas de futbolista, desde ese momento empezábamos a entender que el reconocimiento a tu labor o talento es una de las principales motivaciones para realizarnos y consolidarnos en el aspecto o ámbito en que nos desempeñemos.  Ahora sé que el exceso de esta muestra de gratitud nos hace pedantes y altivos, es difícil controlarlo, somos seres humanos.

Cuando perdimos el segundo partido consecutivo los sanguchitos y refrescos ya no eran tan frecuentes, la camioneta ya no subía a recogernos, cada quien veía como llegar al campo de juego, luego de unas semanas dejamos de ver casi por completo al profesor representante del club y la verdad lo hizo bien, poco a poco ya no se hizo extrañar, ni él, ni los sanguchitos y refrescos.

Yo jugaba de delantero, al menos en esa ubicación me colocaban por la habilidad para quitarme a los rivales y mi amor por el gol, me encantaba el gol, podía estar todo un día jugando y metiendo goles de todo tipo, eludiendo rivales y ridiculizando su esfuerzo por quitarme la pelota.  Así que Norben: tú serás delantero.  Queda dije feliz.

 El director técnico le dijo a mi viejo en alguna ocasión: “Norben tiene condiciones”.  Cuando mi padre la volcó hacia mí casi estallo en llanto de la alegría, el reconocimiento de un tipo que sabe era suficiente motivo para hacer una fiesta, así que el viejo quedó feliz con su engendro.

Durante mi estadía en el club pasaba por una racha de desaciertos supongo y el hecho de que era de los más pequeños de mi grupo, me hacía poco seleccionable, así que jugaba poco y de poco pasé a jugar nada, por lo mismo las motivaciones eran cada vez menores para conmigo, de hecho que juegues como titular hace que sientas respeto y admiración por ti mismo y de los otros también, que camines con algo de altivez en medio de tus compañeros, es inevitable notarlo fui adolescente y lo hice, como también lo hicieron conmigo.  Empecé a lamentar mi racha porque no hallaba más razones para ella, desde mi perspectiva sólo podría esperar que pasara, nadie me dio razones, nadie me otorgó opciones para meditar en mi bajo rendimiento, nadie lo notó y si lo notó, poco le importó.  Lamenté cada entrenamiento, cada partido peor, lo veía desde el banco siempre, oía cuando llamaban a tal o cual para ingresar, la vista en todas partes, el pensamiento sólo en el posible ingreso, el temblor de piernas, me sudaban las manos rogando para que ese viento traiga consigo mi nombre hacia mis oídos y así poder salir como golpeado por un percutor y mostrar todo lo que tenía.  Así pasaron varios partidos y como adolescente impaciente e inmaduro tuve que hacer algo.

Un día el profesor representante del club asomó luego de un partido el cual no recuerdo si ganamos o perdimos, para mí ya no era relevante si ganabas o perdías, no me sentía parte de la alegría de un triunfo o la tristeza de la derrota;  la oportunidad apareció como impuesta por el destino, el profesor quedó frente a mí y le mostré mi pena, ¿qué tienes? Me dijo con afán alarmado, lo que interpreté como un gesto de confianza y le indiqué:  “es que no juego profe, el profesor no me pone”, la respuesta fue inmediata y no se hizo esperar, lo primero que asomó fue una sonrisa que no me daba buena espina y me dijo: “Para qué, si tu eres maaalo” el adjetivo fue perfectamente descrito en su rostro con el gesto, su risotada con la que se celebró a sí mismo cerró la intervención, al menos de mi parte.

Aquella respuesta la recuerdo a la perfección hasta hoy, porque está anotada entre los sucesos más penosos de mi vida, yo no era un adulto, mis sentimientos no estaban firmes, no estaba preparado para entender que a un adulto no le importan los sentimientos del niño y menos que sus sueños no sirven y que es un tonto, en ese instante se irrigó por todo mi cuerpo una orden; no volver a jugar más al futbol, al menos no de manera oficial, así que mi bronca, pesar, tristeza, el nudo en la garganta que sólo se presenta cuando el amor te es esquivo y mi llanto para dentro(los hombrecitos no lloran) nos fuimos caminando a casa.
Los entrenamientos ya no fueron una motivación para mí, no fui más, no sentí remordimiento por no haber ido, menos medité lo bien que la debían estar pasando; así que me entregué al fulbito, a la pichanga callejera, a las aventuras por las chacras y otros que me hicieron olvidar de las competencias oficiales y los desdichados profesores como aquel.  Así pasaron tres años, fulbitos y otros sin participar en competencias oficiales, de verdad no me importaban.

Los sueños son algo que nos acompañan siempre, cada etapa de nuestras vidas soñamos pero el sueño se construye y se trabaja en ello, luego de la etapa en la que me olvidé de toda competencia decidí volver porque sabía de mi talento y además me lo pidieron. 

Hoy ya no es un suceso triste, hoy es un complejo tema de discusión para mi, el niño tiene sueños, algunos se lo trazan pero ellos solos no pueden, necesitan personas que los ayuden a construir esos sueños, a trabajar talentos y virtudes, sólo entendiendo esos conceptos podremos sentirnos orgullosos de un niño talentoso que va camino al éxito.  

Algunos años atrás pude ver nuevamente a ese tipo, que ciertamente cometió un error muy grande, pero en aquel momento no pude evitar las ganas de invitarlo al fresco y definir de formas nada amistosas aquello que el generó en este niño, hoy hombre, pero somos seres humanos y nos equivocamos siempre, así que asumí el error del desacertado hombre y lo pasé a mi olvido.

Cuando marqué el retorno, era capitán del equipo, ya no era delantero pues cambié a defensa central y con el carácter fuerte y temperamento aguerrido que caracteriza a este puesto me abrí paso en el mundo en el que hoy vivo feliz, el fútbol.

martes, 5 de junio de 2012

Castigo escolar


Cualquiera que lea este post diría: ¿Quién podría maltratar a un niño?. Lógicamente que ninguno pensaría en hacerlo con el suyo o con algún otro, menos no con premeditación, alevosía y ventaja.

El profesor Abel ahora es un entrañable anciano, quien producto del paso de los años presumo ha decaído en su salud, tal vez presenta alguna patología por la cual debe tratarse a menudo, se le ve vulnerable, pero su energía y vitalidad intactas.

Yo lo recuerdo así, como el profesor Abel; su carácter no dejaba lugar a dudas, su disposición para el castigo estaba perfectamente lubricada, casi con la perfección de un carro del año.  No recuerdo sus clases, no recuerdo sus palabras, no hay en mi memoria enseñanza verbal o escrita, es mas; no creo recordar el tomar apuntes en alguna clase suya  y si no recuerdo ninguna de estas actividades mucho más que normales durante el colegio, mucho menos recuerdo  alguna sonrisa con nosotros, si con sus colegas, a quienes por cierto envidiaba cada que en su rostro se iluminaba una sonrisa o una carcajada, - ¿Qué debo hacer para hacerlo reír así?.  Es muy cierto que algunas veces lo pensé porque en su extrema rigidez o disciplina admiraba al pelao.  Todo lo que recuerdo del entrañable profesor Abel es su ceño fruncido, el posterior grito y la correa de tres pulgadas y gruesa como ya no existe, alguna vez se regó el mito que en la peor circunstancia para el alumno te daba con la hebilla, si la correa era de temer la hebilla era para adorar, el brillo de la misma al pasar cegaba como luz solar, como para inclinarse ante tanto poder, digno de reverenciar.  Estas palabras sólo uso para ensalzar o solemnizar el momento en que se oía el sonido del cuero deslizándose por la pretina del pantalón de dril que usaba con bolsillos tipo jean e incrustaciones de broches, no sé si por copión o por intimidación, si fuese por la última lo lograba.

Más de una vez me gané con tamaño castigo, una que recuerdo con claridad es en el salón bañado por la luz del sol con amplias ventanas, paredes de adobe que le daban una tremenda calidez a mi segundo hogar, pero la calidez se perdió el día que llevé el álbum de Mazinger Z de mi hermano David al colegio para panear, porque estaba lleno y lo había prometido.  El plan había funcionado a la perfección la atención estaba generalizada en mí y mi álbum, jamás me mostré como patán o engreído, todos tuvieron acceso a él.  Todos menos uno: El Pancho.

Pancho era el brigadier del salón, el ejemplo a seguir, el que no fallaba nunca en el examen, el Sheldon de la Serie, así que como adolescente exitoso y engreído, no pudo soportar la atención en un pobre diablo como yo y su álbum de figuritas de Editorial Navarrete  – siempre fui un estudiante de media tabla que sólo se esmeraba ante la presión o la demanda –  El buen Pancho no tuvo otra salida que arranchar el álbum de nuestras manos y llevarlo a las manos de otro cancerbero: El profesor Abel, mientras Pancho recorría el estrecho pasillo que separaba cada mesa, pasaron por mi imaginación millones de posibilidades para evitar que salga de la calidez de mi salón que ya empezaba a ser fría.

  • Matarlo y darle sus restos a los perros del colegio.
  • Matarlo y tirarlo a la pista mientras un Boliviano le pasaba por encima.
  • Matarlo y echar sus restos al canal que pasaba tras de su casa.
  • Aceptar lo que se venía.

Esta última acabó con todas la locuras que se sugirieron por mi subconsciente para mi oscuro futuro inmediato, no me quedó otra que empezar a hacer mis oraciones por dentro y mostrar la despreocupación briosa digna de mi edad y mi temperamento de aquel entonces.

Cuando la puerta de madera de doble hoja se abrió con Pancho y el Profesor Abel en ese exacto orden supe que mi fin había llegado, Pancho no sabía que había ganado su muerte, velorio con capilla ardiente y todo, además de su entierro, Pancho sería un muerto en vida y para toda nuestra carrera escolar.  Pero toda aquella profecía pasó como un cometa fugaz por mi mente, lo que si se estacionó fue el miedo y pánico, pronto oía el cuero deslizándose por la pretina del pantalón de dril que usaba con bolsillos tipo jean e incrustaciones de broches.  La ejecución de la pena no fue breve porque su sermón previo escarnecieron cada órgano y cavidad en mi cuerpo, luego de homenajear la deidad de su castigo y carácter por al menos unos larguísimos minutos, oí el cuero deslizándose por la pretina del pantalón de dril que usaba con bolsillos tipo jean e incrustaciones de broches, tomó con su mano izquierda mi brazo izquierdo para dar con correa en mano derecha rienda suelta a su pasión para castigar, su entrega para generar dolor en el niño; fueron tres azotes que la verdad es que dolían tanto que no podría usar la metáfora para exponer el dolor, pero como me enseñaron que los hombrecitos no lloran me tragué el nudo y el llanto, y silencioso caminé hacia mi silla, además de pausarlo como haciendo tiempo mientras el dolor pasara, porque exactamente esa zona es la que tendría que apoyar al sentarme, lo siento no puedo explicarlo.

La muerte de Pancho quedó pendiente para las siguientes horas, días, vacaciones útiles y siguientes años.  El se lo ganó, porque luego de tremendo castigo hubo tiempo para la siguiente travesura con otros dos y el fiel a su convicción llamó nuevamente al buen Abel quien ni corto ni perezoso le sacaba brillo al cuero de su correa.  Volvió con más ganas que la última vez, llamó a los tres malhechores y sin sermón ni miramientos nos dio cuatro a cada uno, ambos terminaron llorando en el segundo y cuarto correazo como si esperaran batir un record, cuando me tocó jamás lloré aguanté como los hombrecitos y quedé como reincidente, además de ganar el respeto de algunos cuantos, ya que los otros dos malhechores eran gente de respeto en la primaria y terminaron llorando, yo supongo que el dolor era menor al generado en el alma de los caudillos escolares, porque habíamos sido vejados y humillados públicamente, nuestro dolor y muestras de temor habían sido expuestos ante toda una platea de invitados obligados.

Al entrañable profesor Abel puedo verlo con cierta frecuencia y cada que lo veo recuerdo el cuero deslizándose por la pretina del pantalón de dril que usaba con bolsillos tipo jean e incrustaciones de broches y de manera fugaz idolatro aquellos momentos, porque hoy nadie podría hacer eso, así el estudiante merezca cadena perpetua, hoy se quiere quitar todo tipo de motivación para que el estudiante mejore y deje actitudes negativas.  Los tiempos son otros y con ellos vinieron herramientas muy útiles para dejar métodos arcaicos, pero alguno de estos últimos siguen siendo útiles y muy necesarios, obligatoriamente necesarios.

Tanto admiré y respeté al pelao que hasta hoy busco una correa con pretina ancha, debe ser la influencia del pelao en mi niñez.  Por cierto, ¿cómo lo hago reir? Esta pregunta tuvo su respuesta el día del niño de algún año donde oscilaba los 10 años de edad.  Concurso de dibujo y pintura a la que me presenté con un caimán realizado al carboncillo, precioso y artístico, pero olvidé la alusión al día del niño, así que no me quedó otra:  ¡¡Norben!! ¿Dónde está lo alusivo al día del niño? .. Adentro del caimán profesor.  Así me gané la sonrisa del mounstruoso Abel y su correa.

Dios los bendiga
Seguimos pronto

martes, 15 de mayo de 2012

Madre sólo hay una.


Cuando recuerdo a mi madre regocijarse con cada cosa de mi niñez, luego con menos regocijo en la adolescencia y casi nada en la juventud me digo: ¿cuándo pasó todo eso?.

La niñez, la etapa más exquisita de mi vida; tengo recuerdos claros, casi exactos de mi visita a Lima a los 2 años, de la abuela Rosa, de la casa de Breña, del corredor en el segundo piso que era de barras de metal, que permitía ver la luz muy tenue en la parte inferior, las paredes que parecían de madera apolillada y débil,  de los peñizcos en los cachetes de mucha gente, sobre todo mujeres atiborradas a mi alrededor, con las manos apoyadas en sus rodillas, con caras de asombro y algarabía al verme, es que era idéntico al viejo, debían quererlo mucho.  Yo estaba tan concentrado en todo el suceso que me olvidé de mi padre y ver sus gestos, sus actitudes que delatarían su pensar y sentimientos generados; conociéndolo, se que ostentaba un gesto de sobriedad y parsimonia que disimulaban su orgullo y altivez.

Recuerdo una tarde en el barrio de renovación en La Victoria, que la mamá Rosa imitó al increíble Hulk, para nada me asustó si eso quiso, pero lo resaltante de ese momento es que yo tenía dos años, asombro me causa poder recordarlo de manera tan clara.

Fue una pequeña temporada, de la que sólo guardo esos recuerdos, pero hay uno que no logro enlazar con mi memoria, aquel que indica cuanto extrañé a mi madre.  Del momento del reencuentro tampoco viene a mi memoria algo significativo, pero estoy seguro de algo; que la extrañé demasiado, que sufrí mucho allá en ese agitado mundo, atiborrado de carros por todas partes, casas enormes, gente por doquier, vendedores ambulantes, muchas visitas a casas con gente fanática de mis cachetes y ahora nuevamente en mi pequeño mundo, en mi casa, con los míos era perfecto para narrar en un castellano a medio aprender, balbuceado, con signos, con babas y la emoción descontrolada, todo lo acontecido y lo visto a mi madre, las quejas propias de un niño que ve a su madre luego de mucho tiempo, la gente nueva y otras miles de cosas.

Ella no se separó de mi luego, siempre estuvo conmigo, el primer día de colegio, las primera visitas al hospital - mi viejo me enseñó a burlarme de los médicos – y a pesar que a veces sentía su ausencia por determinados motivos, sabía que estaba presente al menos en pensamiento, que contaba con ella a donde sea que fuese.   Luego de ese viaje a la Capital, debo imaginar que mi madre se lució en demostraciones de cariño, ternura y devoción hacia el hijo que no vio por un buen tiempo, otorgar todo aquel afecto guardado que tuvo que contenerlo y a la vez sufrir con él.

Luego ya con la madurez de adulto, mi madre me contó lo que pasó ella mientras no estuve aquí, todo lo que sufrió , todo lo que me extrañó, las quejas que di, las cosas que conté y siempre será un momento grato de recordar cada vez que lo comentamos, jamás me cansaré de oír de su voz aquella historia del retorno del viaje a Lima y las aventuras narradas por el niño de 2 años, que de muchas formas se hacía entender, la coyuntura del momento en la familia era dura y complicada, lo cual sirvió para dar realce y trascendencia a la ausencia y posterior reencuentro.

La historia en torno a ese suceso es gigantesca, como para montar un guión digno de película tercer mundista y nada despreciable por cierto, hoy puedo decir que el amor de mi madre es fantástico, es impenetrable, es fuerte, blindado al que sólo pueden acceder sus hijos y con toda esa narrativa pude entender lo que significa el amor de madre y todo lo que puede hacer una madre por cada uno de nosotros.

Hoy tarde para adecuar el posteo con un día tan significativo como es el día de la Madre ya pasado, pero nunca tarde para exaltar la labor de las madres, para ensalzar tu entrega y compromiso, en ocasiones heroísmo, algunas con resistencia bizarra y garbosa, siempre junto a nosotros, para ellas.. sus pequeños y frágiles seres.

Un abrazo con todo mi cariño a cada una de ustedes amigas madres y en especial con aquellas que con frecuencia nos comunicamos y entrelazamos palabras, conceptos y sobretodo transmitirme el afán por mantenerse como los seres fantásticos que son.

Dios las bendiga a todas.
Seguimos pronto.