lunes, 13 de agosto de 2012

La Escuela Dominical

Pepino de chico te pellizcaba, no le hacías nada y quien fuese que estuviese a su lado se ganaba con sus pellizcos que más allá del dolor, enojaban.  Le sudaban las manos y con mano aguada te agarraba del brazo, su mama le ponía un sombrero de lona y ala ancha con tira ajustable en el cuello porque Pepino los perdía, el sol era dañino y Pepino no se lo quitaba ni para dormir, si estabas a su lado te rozaba constantemente con el ala del sombrero por la frente o la oreja, si le decías algo al respecto sólo reía, su risa parecía burlona, lo que mostraba su poca sangre en la cara y el desparpajo ante la crítica.



En las clases de Escuela Dominical convergíamos niños de varias escalas sociales y costumbres, entre ellos Pepino o Pepi como lo llamaba su mamá, estaba el hijito de mamá, el callao que no respondía nunca nada,  las niñas que en su conjunto ya se veían señoritas, el tipo liso y contestón, había uno malcriao que poco duró,  y lógicamente el guerrero que siempre tuvo la misma actitud, reflexivo y pensante.  Todos asistíamos motivados por algún familiar que de muy buena gana incentivaba o condicionaba nuestra asistencia a la Escuela Dominical, después de todo; en la escuela dominical se premiaba la asistencia, al final claro está; luego de enseñar y reforzar todo aquel valor fundamental para un excelente desarrollo de los niños, niños que amaban a Dios.  No es exagerado, realmente fue fundamental.



Al callao lo veo a veces y no sé si me recuerda, yo si porque me hice amigo del callao, mi padre me enseñó a defender al desvalido o poco querido, la técnica me la inventé y me ligó muy bien, el chino y yo fuimos bien patas, hasta llegamos a jugar pelota varias veces, en la cancha ya no era el callao, menos mudo o peor, era un guerrero como yo y por eso fuimos amigos un buen tiempo, pero como pocas amistades de niñez perduran para siempre, llegó el momento de su partida de la congregación y de mi clase.  Tuve que conformarme y seguir compartiendo cosas con el engreído al que le fascinaba entrarle a las actividades que yo hacía, me invitaba a su casa con frecuencia para participar de su jolgorio, sus juguetes, y cierto es que despojándome de mi afán desdeñoso; sus juguetes si me vacilaban, seguro asistía a su casa por presión de mi madre para así dejar de enterrarme en la calle antigua corriendo tras una pelota de trapo, además; evitar el aprender las vulgaridades e improperios de mis “vecinitos”.  Nunca encajé con sus pares, nunca me agradaron las palabras ni su juego, todos eran como él, ahora; lo siguen siendo, trago y aguanto la sonrisa cuando hoy los veo, el mismo de siempre me digo.


El contestón era un morenito que no entendía el significado de la palabra “cállate”, esta interjección era la penúltima instancia para tomar una medida más precisa y disciplinaria, para poder desarrollar una clase más, se trataba de llenar su base de datos con palabras que signifiquen: “por favor presta atención que te van a pegar”,  yo quedaba absorto cuando veía todo salir por la otra oreja, en mi manual; si no estaba mi madre, estaba el maestro y eso es todo.  La última instancia ocurrió un día en que la maestra de Escuela Dominical que destilaba miel cada vez que hablaba, me arrullaba cuando nos enseñaba una canción, peor si me miraba, cada vez que me llevaba de aquí para allá, yo no obedecía, yo le pertenecía; aquel día al parecer vino dispuesta a no aguantarle más niñerías a este morenito, tuvo que irse para afuera de la clase, pequeño recinto de adobe, desde donde lo veíamos con cara de tonto, presumo que así se sintió, porque nunca más lo volví a ver en las clases dominicales con esa misma actitud.  Aquella oportunidad entendí que la maestra era perfecta.


El tipo malcriao, definición perfecta para él… malcriao, inmediatamente enlazo ese momento recordando a Carlos Argentino o Nelson Pinedo que sonaban en el micro de "calamina" antes de subir a casa.  A Elard lo recuerdo a la perfección, fenómeno extraño al no recordar a otros tan igual como lo recuerdo a él, era de tez pálida con ojos algo hundidos y por alguna extraña razón tenía unas ojeras impropias de un niño, delgado y fibroso con peinado de James Dean (Jackie Chun, para aquellos que no dan con James  Dean) y piernas chuecas.  Elard se ufanaba de ser Bruce Lee  y lo hacía en todas partes, yo había entendido que algunas cosas no podía  mezclar cuando estuviese en la Escuela Dominical, debía olvidar la calle y algunas palabrillas, me lo dijeron y la paré en primera. Tal vez yo no toleraba que otros no lo entendiesen, y menos que sean Bruce Lee, porque ¡Yooo! era Bruce Lee, afianzaba su antipatía el hecho que yo no supiese algunos trucos de Bruce Lee como si los sabía él, obviamente además de ser mal educado y no hacerle caso a la dulce maestra, de quien hasta hoy puedo decir que en su significado literal era un pan de Dios.  Así que ese último delito no se lo perdoné jamás, ¡de inmediato!... un tanto reflexivo, pensante y guerrero esperé que el maná de los israelitas en el desierto saliera de clase y nos dejara solos a todos… de pronto la mesa estaba servida, me puse de pie y le estampé un rico puñetazo en el rostro a Bruce Lee, así que a Operación Dragón sólo le quedó llorar y sobarse, este gesto pugilístico generó en mi un estado de éxtasis momentáneo, que ni la maestra con su mirada podría ocasionarlo.  El hecho no lo supo nadie más que los pequeños alumnos de escuela dominical, los mismos que jamás cometieron infidencia, seguramente con los chicos compartía también el sentimiento por nuestra maestra, las niñas no lo sé, hasta hoy es un secreto, supongo que ya debió prescribir.




La sonora matancera que sonaba en el micro estimulaba mi hambre y también llegar en un segundo a casa para decirle a mi viejo, estaba plenamente convencido que me felicitaría.  Ya en casa almorzamos y esperé el momento adecuado; domingo, media tarde, antes del peloteo en la calle: 


Papá en la Iglesia le metí un cuete al pata que se cree Bruce Lee
Estaba que molestaba en la clase y me sacó pica
¿Así? No digas…  a ver dime como le diste?
No sé, de pronto la maestra se fue y dije ahora quien te salva…
Me paré y fui y le di su cuete, se quedó llorado el pata, de ahí me dio pena…
Ya te dije tu no eres Bruce Lee, tu eres Charles Bronson, 
Suspiró profundo y... Ta bien hijo, pero no vuelvas a hacer eso porque le van a decir a tu mamá…
Y qué hacemos.  Ya ve a jugar.


Las niñas y Pepi quedan pendientes.
Dios los bendiga y seguimos pronto.

jueves, 2 de agosto de 2012

Amistades destructivas


Como dijo mi amigo el Dr. Martínez: “Norben, uno nunca deja de aprender”.  Hoy tomo su palabra y la uso para decir que no he dejado de aprender, sobretodo de la conducta del ser humano, para ser sincero; muy poco de gente proba y honesta, mas si, de la gente que sólo guarda agravios y espinas en su corazón.

Muy particularmente, desde hace unos años vengo aprendiendo de la gente dañina, la gente que hiere con la palabra y hasta con su respirar.  He llegado a pensar que el problema soy yo, pero leyendo, indagando y escarbando se encuentran respuestas, además de razones para desenmascarar cada agravio, cada intervención desleal.  

El concepto de amistad ha cambiado mucho en los últimos tiempos, ha sido reemplazado por todo lo que es negativo y superfluo, todo lo que es un obstáculo para la construcción de relaciones interpersonales brillantes y sólidas.  Es el problema de confundir lo original y genuino con lo que es imitación y superfluo.

Pero citaré una lectura que debería seguirse como norma por cada uno de nosotros.


Proverbios 17
1 Mejor es un bocado seco, y en paz,
Que casa de contiendas llena de provisiones.
4 El malo está atento al labio inicuo;
Y el mentiroso escucha la lengua detractora.
5 El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor;
Y el que se alegra de la calamidad no quedará sin castigo.
8 Piedra preciosa es el soborno para el que lo practica;
Adondequiera que se vuelve, halla prosperidad.
9 El que cubre la falta busca amistad;
Mas el que la divulga, aparta al amigo.
10 La reprensión aprovecha al entendido,
Más que cien azotes al necio.
11 El rebelde no busca sino el mal,
Y mensajero cruel será enviado contra él.
12 Mejor es encontrarse con una osa a la cual han robado sus cachorros,
Que con un fatuo en su necedad.
13 El que da mal por bien,
No se apartará el mal de su casa.
14 El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas;
Deja, pues, la contienda, antes que se enrede.
15 El que justifica al impío, y el que condena al justo,
Ambos son igualmente abominación a Jehová.
16 ¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría,
No teniendo entendimiento?
17 En todo tiempo ama el amigo,
Y es como un hermano en tiempo de angustia.


El capítulo consta de 28 versos, como verán he obviado algunos pero he dejado muchos resaltantes y sobretodo uno en el cual se valora la amistad.

Particularmente puedo sentirme dichoso de alguien, quien dejando halagos y formas casuales me diga sin temor alguno mi defectos y errores, más aún si los cometo con alguno de ellos.  Valoro más la amistad de alguien que en busca de mi mejora se atreve a corregirme, se atreve digo; por que pocos hay que tienen la fortaleza y pertinencia de decirte tu verdades, sin temor a ser desembarcado de su lista de amigos o eliminado de su facebook.

Muy por el contrario los hay aquellos que a punta de adulación, franela y cera construyen amistades de papel, de cartón que son más fuertes pero igual de endebles,  todos ellos; quienes poseídos por la vorágine de vanidad que devora al mundo a su gusto, no están  dispuestos a corregirse y mucho menos cambiar las apreciaciones erróneas o inexactas que tienen sus ”amigos”, pues prefieren seguir con su amistad de plástico a cambiarla por el roce continuo que puede significar abordar a mi amigo para corregirlo, al fin y al cabo es una pérdida de tiempo.  

Realmente prefiero quedarme con pocos a mi alrededor o “Probar un bocado seco y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones” (Proverbios 17:1) que compartir mi vida con la vanidad amante de lo consumible y frívolo.

En una ocasión un grupo de ladrones incursionaron en un museo reconocido Italiano, burlaron todo y fácilmente vulneraron toda seguridad a su paso, realmente eran unos expertos para no hacerse notar, y se llevaron todas las pinturas puestas en exhibición.  Pero de lo que ellos no sabían era de pinturas por que confundieron la imitación y barato por lo costoso y original, se llevaron pinturas de menor valor, de estudiantes y aficionados, mas las de Picaso , Monet  y Van Goh quedaron guardadas en otra sala.  De haber sabido de pintura estos ladrones hubieran podido mejorar su economía y logrado su objetivo.

Amigos hay pocos, no hay que confundirnos al elegir estimados amigos, debemos aceptar con actitud receptiva y agradecida la voz que nos corrige, realmente a aquellos se los puede contar  con la mano de un mutilado.  Pero esa condición puede cambiar si realmente estoy dispuesto construir amistades de acero que gustosas pondrían, literalmente las manos al fuego por ti.


Dios los bendiga amigos.
Seguimos pronto