Cuando recuerdo a
mi madre regocijarse con cada cosa de mi niñez, luego con menos regocijo en la
adolescencia y casi nada en la juventud me digo: ¿cuándo pasó todo eso?.
La niñez, la
etapa más exquisita de mi vida; tengo recuerdos claros, casi exactos de mi
visita a Lima a los 2 años, de la abuela Rosa, de la casa de Breña, del
corredor en el segundo piso que era de barras de metal, que permitía ver la luz
muy tenue en la parte inferior, las paredes que parecían de madera apolillada y
débil, de los peñizcos en los cachetes
de mucha gente, sobre todo mujeres atiborradas a mi alrededor, con las manos
apoyadas en sus rodillas, con caras de asombro y algarabía al verme, es que era
idéntico al viejo, debían quererlo mucho.
Yo estaba tan concentrado en todo el suceso que me olvidé de mi padre y
ver sus gestos, sus actitudes que delatarían su pensar y sentimientos generados;
conociéndolo, se que ostentaba un gesto de sobriedad y parsimonia que disimulaban
su orgullo y altivez.
Recuerdo una
tarde en el barrio de renovación en La Victoria, que la mamá Rosa imitó al
increíble Hulk, para nada me asustó si eso quiso, pero lo resaltante de ese
momento es que yo tenía dos años, asombro me causa poder recordarlo de manera
tan clara.
Fue una pequeña
temporada, de la que sólo guardo esos recuerdos, pero hay uno que no logro
enlazar con mi memoria, aquel que indica cuanto extrañé a mi madre. Del momento del reencuentro tampoco viene a
mi memoria algo significativo, pero estoy seguro de algo; que la extrañé
demasiado, que sufrí mucho allá en ese agitado mundo, atiborrado de carros por
todas partes, casas enormes, gente por doquier, vendedores ambulantes, muchas
visitas a casas con gente fanática de mis cachetes y ahora nuevamente en mi
pequeño mundo, en mi casa, con los míos era perfecto para narrar en un
castellano a medio aprender, balbuceado, con signos, con babas y la emoción
descontrolada, todo lo acontecido y lo visto a mi madre, las quejas propias de
un niño que ve a su madre luego de mucho tiempo, la gente nueva y otras miles
de cosas.
Ella no se separó
de mi luego, siempre estuvo conmigo, el primer día de colegio, las primera
visitas al hospital - mi viejo me enseñó a burlarme de los médicos – y a pesar
que a veces sentía su ausencia por determinados motivos, sabía que estaba
presente al menos en pensamiento, que contaba con ella a donde sea que
fuese. Luego de ese viaje a la Capital,
debo imaginar que mi madre se lució en demostraciones de cariño, ternura y
devoción hacia el hijo que no vio por un buen tiempo, otorgar todo aquel afecto
guardado que tuvo que contenerlo y a la vez sufrir con él.
Luego ya con la
madurez de adulto, mi madre me contó lo que pasó ella mientras no estuve aquí,
todo lo que sufrió , todo lo que me extrañó, las quejas que di, las cosas que
conté y siempre será un momento grato de recordar cada vez que lo comentamos,
jamás me cansaré de oír de su voz aquella historia del retorno del viaje a Lima
y las aventuras narradas por el niño de 2 años, que de muchas formas se hacía
entender, la coyuntura del momento en la familia era dura y complicada, lo cual
sirvió para dar realce y trascendencia a la ausencia y posterior reencuentro.
La historia en
torno a ese suceso es gigantesca, como para montar un guión digno de película
tercer mundista y nada despreciable por cierto, hoy puedo decir que el amor de
mi madre es fantástico, es impenetrable, es fuerte, blindado al que sólo pueden
acceder sus hijos y con toda esa narrativa pude entender lo que significa el
amor de madre y todo lo que puede hacer una madre por cada uno de nosotros.
Hoy tarde para adecuar
el posteo con un día tan significativo como es el día de la Madre ya pasado,
pero nunca tarde para exaltar la labor de las madres, para ensalzar tu entrega
y compromiso, en ocasiones heroísmo, algunas con resistencia bizarra y garbosa,
siempre junto a nosotros, para ellas.. sus pequeños y frágiles seres.
Un abrazo con
todo mi cariño a cada una de ustedes amigas madres y en especial con aquellas que con frecuencia nos
comunicamos y entrelazamos palabras, conceptos y sobretodo transmitirme el afán
por mantenerse como los seres fantásticos que son.
Dios las bendiga a
todas.
Seguimos pronto.
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