martes, 30 de junio de 2015

El partido que no acaba

El suceso acaecido el día de ayer, donde la Selección Peruana de fútbol cayó ante su similar de Chile por 2-1, ha conmocionado a cuanto poblador peruano haya llegado la información, desde las previas que se jugaron sabiendo del rival sureño, hasta un día después y seguirá la conmoción cada que se recuerde.  Es un hecho histórico dentro del tumulto futbolero, popular, clase mediero o pituco, sin olvidar a los nuevos ricos.  Pero se podía perder contra Uruguay y su concierto de patadas y codazos; hasta con Venezuela y Bolivia la pena sería menor, una raya más al tigre o contabilizarla como una actuación triste, paupérrima, pobre, hasta indigente a la que estamos acostumbrados los peruanos, sobre todo los de mi generación – papá llegó a ver al gran rodillo negro aliancista con la blanquirroja enfundada en sus ocsuros cuerpos –; lo de ayer no me ha causado bronca o aversión contra Chilenos, árbitros, la FIFA, la CONMEBOL, Burga o el presidente de mi Liga Distrital de Fútbol; para nada.  Si me ha dado mucha pena porque hoy he sentido como si fuese un día de luto y con tristeza hice mis quehaceres, siempre pensando en mi Perú.

Afortunadamente mi subconsciente me dice que es un partido y que Perú sería un digno finalista, que la vertiginosa selección Chilena – la mejor de todos los tiempos según Ivan Zamorano y mi viejo – ante la peruana no resultó mas que un pokemon descargado y melancólico, una esfera del dragón de Azángaro o una camiseta del Chelsea de la Ali Baba.

Mi concepción es simple: Si Perú se mantenía con once, le ganábamos a Chile; ya habíamos conseguido ponerlos contra las cuerdas mientras estuvo Zambrano en el campo.  Todos pensaban igual, a Chile le ganamos, también lo interpretó así Chile, así que se resguardó y frenó su impulso de ser el vendaval del partido contra Uruguay y tomó precauciones.

La desventura nacional llegó luego del minuto 20 y con eso el hincha buscando que culpar lo que sea, es completamente entendible en el hincha; pero rebuscando en el internet me topé con comentarios de hombres de fútbol, peruanos y extranjeros, periodistas y reconocidos futbolistas; que responsabilizan al árbitro de nuestra desventura y aún hasta hoy, dolor.  Yo estoy convencido que este hecho es debido al “antisemitismo” o animadversión que hay en Sudamérica contra en chileno y emparentado con el fútbol.  Creo que los torneos están bastante manoseados, y para creer con mucha más razón nos basta leer un poco las noticias acerca de la FIFA.  Si lo que hizo Jara a Cavani lo hacía un argentino o peruano, no resultaba en el escándalo ya conocido.



Argote si cometió errores, pero la pierna de Zambrano no la iba a recoger el mismo árbitro, menos ante Chile, en una semifinal y en su casa, así que: roja directa y a llorar.  Y debo recordar a mis amigos que a Chile le anularon un gol legítimo, hecho que provocó el aplauso de Sampaoli.  Zambrano y su irracionabilidad, vehemencia y descontrol nos privaron de un posible gran triunfo y una final de Copa América.  Para eso voy a recordar un partido de eliminatorias jugado en Lima contra Uruguay, donde iniciaba el segundo tiempo y Perú perdía 0-1 con gol de Recoba.  Juan Reynoso tuvo que descansar, no recuerdo el motivo y Perú tenía que ganar, ante la ausencia de tan elegante central, tuvo que asumir la defensa del suelo patrio, el muy corajudo Jose Soto – ambos aliancistas –, jugar contra el árbitro y su pérfida terna, contra la conocida patada alevosa charrúa y su más conspicuo representante; quien era Daniel Fonseca, el conejo era el más sucio de todos los uruguayos y en un enfrentamiento se puso a un centímetro del audaz y reflexivo Pepe Soto y le gritó(los cariños y palabras que salen de la boca de una novicia) con la furia de un picón que va perdiendo, barruntando quizás que lo iba a provocar y hacer expulsar.  Jamás cayó en provocaciones y mientras lo gritaba giró su mirada hacia el piso y otros destinos; yo lo sabía.  Seguro se decía: este partido lo tengo que ganar.  Perú le dio vuelta al encuentro y ganamos 2-1 con un “Chorrigolazo”, de esa forma pudimos mantenernos en carrera hasta el final de la eliminatoria para el mundial de Francia 98, al que no fuimos por diferencia de goles.

Perú fue superior a Chile hasta con 10 hombres, Perú fue mejor que Chile hombre por hombre, los pasamos por encima literalmente porque en el juego aéreo les ganamos casi siempre, Si Zambrano me privó de ver a la pesadilla del colombiano Juan Cuadrado (Cristian Cueva) contra Chile, pude ver a Advíncula en su mejor aparición hasta hoy, convertirse en el rayo chispeante, y que mi padre traiga el nombre de Muñante del recuerdo y lo actualice hoy, un 29 de Junio de 2015.  No puedo evitar cerrar esta larga nota sin nombrar a Paolo Guerrero, excepcional delantero, un privilegiado con la pelota; no he podido ver en este torneo un delantero que solo en la delantera, ponga en ridículo a una defensa chilena completa, encabezada por “Norman Cáceres” Medel.  ¡Que tremendo jugador!  Seguro no hemos ganado nada aún, pero podré decir a mis hijos, como lo hace el viejo con nosotros llamando a Muñante y otros: Yo vi a Paolo Guerrero.

Hoy ya no deposito, mi antes famélica, hoy fortalecida esperanza sólo en Guerrero; hoy han emergido otros en quienes pensar a la hora de ver un partido de la selección en el televisor.