martes, 17 de noviembre de 2015

¿Será final felíz?

¡La subí de copiloto! Recurrí al lugar de mis sospechas, me entrevisté con una anciana bastante mermada y con gran dificultad me oyó, con suma facilidad me despidió, sin lograr acabar con mi esperanza; subí con gran ánimo para dirigirme al sector del cual estaba seguro ella provenía, dudé en primera instancia cuando vi a algunas personas llegar a una casa y omití las preguntas, reinicié marcha y todo fue negativo, poca gente, poca información:

¡Quizás en aquella tienda algo me digan!
Señora, ayúdeme por favor: estoy buscando a los dueños de esta perrita la encontré en…

¡La conocían! La habían visto acompañando a una señora que con poca frecuencia compraba ahí, y luego aquella señora les había dado a conocer que le robaron a su perra.  Para mí el caso estaba casi resuelto, sólo había que dar con la dueña, a quien la tendera conocía, sólo por la apariencia, me dirigí a la zona sugerida pero no era su perra, luego asomé por una fiesta de niños y pensaban que Mila era una invitada, pero fue igual; no hubo respuesta, volví a la tienda casi vencido para dejar mi número y me llamasen.  Mientras yo preguntaba Mila se impacientaba, se alegraba, ella estaba diciéndome: ¡Ya no busques más, déjame aquí y yo encuentro mi casa! Yo le dije: imposible Mila, tengo que dejarte con tus dueños, tomé fuerzas y di media vuelta para seguir tocando puertas en aquella desolada urbanización, así conseguí otro dato que fue más reconfortante, un tipo desde el techo me vigilaba con recelo hasta que le pregunté y bajó con sus 5 perros, se conmovió con la historia y bastante incrédulo me observaba, zanjé la conversación y antes de la despedida me dio otra información:

Una señora de más abajo andaba buscando a su perra pero hace mucho tiempo, doblas la esquina hacia abajo y por la casa que parece iglesia.

¡Pero si yo la ví hace un rato! Ok, gracias.

Cuando llegué al lugar indicado, resultó ser la casa que apático miré, y con desdén abandoné; toqué bocina pero no salió ni la sobrina; los perros ladraban mientras yo giraba y al volver la vecina ahí estaba.  La señora reconoció a su perra y la abrazó, Mila me sorprendió y se comportó como jamás la había visto, se revolcó con sus amigos, los relamió, los mordió, estaba re feliz; me enteré que su nombre real es Maia, que tuvo hijitos y le fueron arrebatados y exterminados por una anterior y malograda dueña, que a partir de ahí fue adoptada por un hogar mejor del cual salió a pasear y el resto es la historia que ya saben.



Sólo Dios pudo permitir que yo sintiera tanta felicidad, estuve a punto de lagrimear de felicidad, porque supe del dolor que Mila sintió, fueron días difíciles en casa tratando que se adapte, suponiendo sus reacciones, especulando quiénes serían sus dueños, fueron circunstancias complicadas porque la acompañé y ayudé en su dolor; y aquel domingo volvió a casa, con los suyos y si menciono a Dios, es porque Él me bendijo con este a veces terco corazón amante de los animales, así dice su palabra:

El justo sabe que sus animales sienten,
pero el malvado nada entiende de compasión.
Proverbios 12:10




Alguien me dijo que humanizo a los perros, pero yo no lo hago; Los humanos son malos y los perros no, Los humanos son desleales, ruines, traidores, miserables, corruptos, deshonestos; los perros son todo lo contrario.  Duro castigo sería humanizar a un perro; ya lo dije antes: Habría uno que ser perro para entender qué significa lealtad.

Dios los bendiga amigos.
Seguimos pronto

lunes, 16 de noviembre de 2015

Mila

Hace poco menos de dos meses transitaba como de costumbre por las vías de mi querida Samegua, iba de urgencia con varios asuntos pendientes que no daban lugar a dudas en cuanto a regalar el tiempo en quehaceres improductivos; pero hay otros que son ni productivos, mucho menos improductivos; eso sí, son reconfortantes, son animosos, fortalecedores, alientan, exhortan, consuelan, estimulan y mil cosas más.

Mientras el reloj casi cerraba la jornada laboral bajaba por la Av. Andrés A. Caceres por el sector de la subida al colegio Santa Fortunata y observé el escenario que no me gusta observar; un can afligido, asustado, adolorido, rengo, enfermo y con un aspecto fatal pedía auxilio con la mirada a los escasos transeúntes, buscaba una mirada de consuelo o condolencia para consigo, quizás en algún auto particular, en una combi, ¡O mejor! que sus dueños pasaran y la salvaran.  Nunca sufrí un accidente automovilístico, no sé qué se siente, ella si lo sabía, lo acababa de sufrir y se arrastraba por un destino mejor, por evitar la muerte, por evitar que algún automovilista despistado o descuidado la remate, o alguno se apiade y la retire de ese camino que sólo la llevaba a su calvario y la muerte.

Sólo dos segundos, realmente dos segundos me tomó renunciar a todo lo planeado y así frenar y poner retro para recoger a ese ser viviente que sufría.  Hice un par de llamadas y separé cama y médico, al llegar al centro médico la Dra. dijo que tenía un severo golpe en la cadera y tenía muy comprometida la columna, que quizás no volvería a usar sus patas traseras, todo pronóstico era negativo, tenía una tremenda herida en la frente producto de su impacto con el asfalto, era penosa su situación y su recuperación sólo dependía de ella y sobretodo del altísimo.


Como habrán podido ver en mi muro de Facebook, ella logró recuperarse y caminar con cierta dificultad pero contra todo pronóstico pudo caminar y desenvolverse.  Antes de salir de su internamiento anduve buscando a sus dueños durante dos días, bajo el sol, tocando puertas de casas fantasmales, cuyos dueños no aparecen mas que al mes, preguntando hasta a los perros callejeros si la habían visto, caminando con niños aventureros que se compraron mi pleito en busca del dueño.… y nada.  Hace casi un mes desistí del cometido de buscar a los dueños y también resigné la adopción, reconocí que a la gente le gusta pagar para conseguir amigos, sobretodo de los leales y fieles hasta la muerte.  Y mientras tanto la cuenta de la clínica seguía subiendo y no me quedó remedio: Mi casa.  

Lloraba de día y de noche, no comía galletas, ni la más costosa; no comía comida de casa, su aspecto me decía que iba en camino a la anorexia y era preocupante, todo me hacía pensar que no quería vivir, de pronto empezó a comer, a dejar de llorar, a buscarnos por todas partes, a recostarse a los pies, y hacer lo que haces cuando quieres entrar a la collera, ser parte del grupo, que te acepten.  Eso sí que me alegraba y en sobremanera, era muy obediente, increíblemente obediente, podía entender una mirada de disconformidad e irse a su lugar, podía interpretar un gesto de rechazo por alguna conducta o reacción e irse, sin antes volver la mirada para ver si había sido perdonada; toda orden era recibida y acatada, lo entendía todo, ¡Increíble sus capacidades!

Mila, como fue bautizada, volvió a mostrar falta de apetito y mi madre – de gran labor, todo lo que tiene que ver con comida lo hizo ella – se quejó conmigo y no me quedó remedio: Domingo 16 de noviembre por la tarde, salí nuevamente a buscar a sus dueños.

Lo mejor viene luego…


miércoles, 4 de noviembre de 2015

El soñador

¿Una flor por los hogares campesinos?

Era la única pista que tenía para encontrarla, el estribillo durante el transcurso de una canción, ¿Su voz? Si, su voz; pero en aquel tiempo no había internet a disposición como hoy, que puedes saber la vida entera de una persona tan sólo con saber su nombre, o tener un cómplice de facebook – sobre todo de aquellos que no se protegen –  ; así que, me quedé con la duda durante varios años.

La aparición de la telaraña web, y que la plebeyada pueda tener acceso mejoró varias cosas, entre ellas aclarar y repasar dudas, buscar respuestas a interrogantes almacenadas en un disco duro situado en el cerebro.  Pero todo en orden de lista, primero el correo electrónico, las salas de chat, las fotos de los artistas, los juegos en red, las descargas, el software, los reportes, los pdf, los libros, las jugadas o skills de algún futbolista, entre muchas otras cosas.  Y claro: ¿Una flor por los hogares campesinos?

Cuando le tocó el turno al rostro y voz sin nombre me froté las manos e hice lo siguiente: “Dejame entrar+carlos vives+protagonistas”, Uno de los resultados: Carlos Vives graba video con su esposa Claudia Elena Vasquez, mi gesto fue: :(

Ahí terminó mi búsqueda, al menos por un buen rato; mientras me reponía de tremendo golpe a mi insensato corazón, engañoso e iluso; reemprendí la búsqueda para saber más de la vendedora de flores que le quitó el aliento al tarado de Carlos Vives en el video y a mi también.  Fue Miss Colombia en 1996 y una vez más el plebeyo quedó como palo de gallinero, pero quedé soñando al haberla encontrado, saber su nombre y algunas cosas más; imaginando que podría dejar al tarado y venirse a Samegua ¡Pero qué bonita mujer! ¡Y qué tarado soy yo! Mejor soñaré que por un milagro amanecería con una voz prodigiosa y terminaría desplazando del primer lugar de los vallenatos al mujeriego Vives ¡No! Ese motivo estaba mejor, el tarado era un mujeriego empedernido y me dediqué a buscar todos los defectos posibles y argumentos para que Claudia abandone a Carlos Vives, hasta que se terminó mi hora y se esfumaron los sueños.

Claudia Elena Vasquez sigue siendo bella, una reina, del tipo no sé nada más que la buena música que toca y… ¡Que suerrrrrte tiene este infeliz!