¡La subí de
copiloto! Recurrí al lugar de mis sospechas, me entrevisté con una anciana
bastante mermada y con gran dificultad me oyó, con suma facilidad me despidió,
sin lograr acabar con mi esperanza; subí con gran ánimo para dirigirme al
sector del cual estaba seguro ella provenía, dudé en primera instancia cuando
vi a algunas personas llegar a una casa y omití las preguntas, reinicié marcha
y todo fue negativo, poca gente, poca información:
¡Quizás en aquella tienda algo me digan!
Señora, ayúdeme por favor: estoy buscando a los
dueños de esta perrita la encontré en…
¡La conocían! La
habían visto acompañando a una señora que con poca frecuencia compraba ahí, y
luego aquella señora les había dado a conocer que le robaron a su perra. Para mí el caso estaba casi resuelto, sólo
había que dar con la dueña, a quien la tendera conocía, sólo por la apariencia,
me dirigí a la zona sugerida pero no era su perra, luego asomé por una fiesta de niños y pensaban que Mila era una invitada, pero fue igual; no hubo respuesta, volví a la tienda casi vencido
para dejar mi número y me llamasen.
Mientras yo preguntaba Mila se impacientaba, se alegraba, ella estaba
diciéndome: ¡Ya no busques más, déjame aquí y yo encuentro mi casa! Yo le dije:
imposible Mila, tengo que dejarte con tus dueños, tomé fuerzas y di media
vuelta para seguir tocando puertas en aquella desolada urbanización, así
conseguí otro dato que fue más reconfortante, un tipo desde el techo me
vigilaba con recelo hasta que le pregunté y bajó con sus 5 perros, se conmovió
con la historia y bastante incrédulo me observaba, zanjé la conversación y
antes de la despedida me dio otra información:
Una señora de más abajo andaba buscando a su perra
pero hace mucho tiempo, doblas la esquina hacia abajo y por la casa que parece iglesia.
¡Pero si yo la ví hace un rato! Ok, gracias.
Cuando llegué al
lugar indicado, resultó ser la casa que apático miré, y con desdén abandoné;
toqué bocina pero no salió ni la sobrina; los perros ladraban mientras yo
giraba y al volver la vecina ahí estaba.
La señora reconoció a su perra y la abrazó, Mila me sorprendió y se
comportó como jamás la había visto, se revolcó con sus amigos, los relamió, los
mordió, estaba re feliz; me enteré que su nombre real es Maia, que tuvo hijitos
y le fueron arrebatados y exterminados por una anterior y malograda dueña, que a
partir de ahí fue adoptada por un hogar mejor del cual salió a pasear y el
resto es la historia que ya saben.
Sólo Dios pudo
permitir que yo sintiera tanta felicidad, estuve a punto de lagrimear de
felicidad, porque supe del dolor que Mila sintió, fueron días difíciles en casa tratando que se adapte, suponiendo sus reacciones, especulando quiénes serían sus dueños, fueron circunstancias complicadas porque la acompañé y ayudé en su dolor; y aquel
domingo volvió a casa, con los suyos y si menciono a Dios, es porque Él me
bendijo con este a veces terco corazón amante de los animales, así dice su
palabra:
El justo sabe que sus animales sienten,
pero el malvado nada entiende de compasión.
Proverbios 12:10
Alguien me dijo que humanizo a los perros, pero yo no lo hago; Los humanos son malos y los perros no, Los humanos son desleales, ruines, traidores, miserables, corruptos, deshonestos; los perros son todo lo contrario. Duro castigo sería humanizar a un perro; ya lo dije antes: Habría uno que ser perro para entender qué significa lealtad.
Dios los bendiga amigos.
Seguimos pronto


