Cursaba el tercer grado de la secundaria e hizo su aparición un docente que con su estilo bastante exigente y de relación muy vertical con los alumnos, nos impartía el curso de Biología. En determinada parte del curso nos encargó un trabajo de investigación, de lo que fuese, pero que sea de investigación y mantenga los parámetros de su estructura.
Para mí, un trabajo de investigación estaba relacionado con
indagar el nombre y dirección de mi crush (término anacrónico) que los domingos
desfilaba con su bandera por La calle Moquegua.
Así que ahora se viene lo bueno.
Con sinceridad no recuerdo mi trabajo de investigación, ni
siquiera los temas que presuntivamente podría presentar; sin embargo, si aprobé
el curso es porque presenté algo digno de calificar con lapicero azul.
Lo que sí recuerdo, es la investigación y la exposición de
mi amigo Edwin Victor; estoy seguro que fue para nuestro tiempo y grado
académico EXCELENTE, el profesor luego de las preguntas de rigor se deshizo en
elogios y quedó muy satisfecho, reacción nada recurrente en él.
El día martes mientras alistaba mi salida del trabajo llegó
al wasap un comunicado que indicaba el fallecimiento de un ingeniero, en mina,
y con el nombre de mi amigo. Reaccioné
inicialmente con una negación asumiendo que era un homónimo y que Edwin Victor
(como solía yo decirle) estaba pedaleando por algún lugar a su gusto, huí de todos
los pensamientos que circulan cuando la noticia es verdad; luego de varios
minutos y mientras caminaba a casa la razón volvió a mi y sabía que tenía que enfrentarlo
y empezar a indagar para saber si es verdad aquella noticia que no quiero que
sea verdad.
Edwin Victor mientras exponía cómo se injerta una planta de tomate
con una de papa, para que arriba produzca tomates y bajo tierra papas, captó mi
atención escurridiza e hizo que la pueda memorizar hasta el sol de hoy; yo me
preguntaba: ¿De dónde sacó este tipo aquel dato? Yo permanecía en la repugnante
y desdichada ignorancia de no saber ni el nombre de la abanderada y Edwin Victor
ya podía iniciarse como agricultor de las grandes ligas.
He visto en varias ocasiones su nombre y foto en afiches
donde se promociona un evento magno de capacitación minera, de gran impacto
regional y mientras leía el panfleto siempre me decía con orgullo, ese de ahí
es mi amigo. Edwin fue un grande, lo
supe desde que llegó a nuestra aula en tercero de secundaria, lo supe mientras yo
lo molestaba al imitarlo cuando decía sus nombres, mientras él; imperturbable. Hubiese sido genial gozarlo desde el inicio
de la etapa escolar, tendría mucho más para hablar de él.
Aún mantengo necios rezagos de negar su violenta desaparición,
lo que conocí de Edwin Victor fue de lo mejor y quizás ese será mi consuelo:
Que conocí a Edwin Victor Colque Calizaya y era mi amigo y me llamaba los fines
de año para reunirnos en su visita a la tierra que lo vio crecer.
Lamento profundamente la partida de Edwin Colque, mi dolor
con los deudos y los amigos que lo quisieron igual o más que yo.
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