Como en la parábola del buen samaritano; apareció postrado y lloroso,
accidentado y adolorido, la esperanza y el buen trato no era algo que veía
venir, era casi imposible que lo ayudasen, incluso pensando que sus amos
pasaron una y otra vez, y no lo auxiliaron, la gente sólo atinaba a decir
seguramente: “pobrecito”. ¡Qué difícil
situación!, verte en tremenda dificultad y que nadie se apiade de ti.
A Chico da Silva − nombre con el que se le bautizó por su tamaño – se le
pudo ayudar luego de aproximadamente 8 horas, según los testimonios recogidos,
tres días atrás había estado por la avenida, por el sector del cuartel; otro
testimonio dio cuenta que lo oyó llorar y quejarse en las noches por sus
llagas, sus lesiones, su invalidez y las noches frías de agosto seguramente, hasta
que pudo ponerse visible y gracias a Dios; ser socorrido luego de quizás... cuatro a cinco días.
Chico fue socorrido, atendido, se le dio tratamiento, cobijo, medicina,
comida, agua y sobretodo mucho afecto, así nos recuperamos todos. Luego de dos meses de absoluto cuidado fue dado
en adopción a una familia muy notable y distinguida, quienes ya lo habían pedido. Así que se tejió el plan de traslado y una
mañana dominguera, a su nuevo amo fue entregado.
Con decir que a Chico lo trataron como a un caballero de la mesa redonda resulta
absurdo. Para empezar se sumaba a otros
6 caballeros guardianes de buena casta y como habitantes de un fundo, guerreros
como un espartano; los espartanos no lo recibieron bien por el conocido celo
que guardan los canes cuando llega un extraño, pero Chico ni se inmutó, estaba
más tranquilo que Alan ante la Megacomisión, casi se burlaba; hasta que roncó
como nunca lo oí durante los dos meses que lo tuve. Para mí fue suficiente, para los espartanos
no lo sé; realmente me llenó de orgullo tal vozarrón.
A Chico lo separaron para evitar pleitos y disputas que podrían terminar en
un hecho de sangre, vivió muy acomodado y comiendo distinto al resto, lo mejor
de lo mejor, con atenciones y cuidados que seguramente un espartano no
gozaría. Vivió a cuerpo de rey.
Con el correr de los días Chico terminó haciéndose dueño del fundo, roncaba
a todos y sus ladridos retumbaban las paredes de la casa, no caminaba con la manada, pedía comida distinta, cama distinta y hasta
empezó a escaparse y las quejas empezaron a llegar. “Norben:
el Chico se escapa y viene cuando quiere”; hasta que llegó una que me
preocupó; “Chico no vino a dormir”. Chico
ya no volvió luego de esa queja.
Una tarde, la dama distinguida, dueña del fundo caminaba por las calles de
Samegua y lo divisó durmiendo en la vereda de una vivienda. Lo llamó y Chico se reincorporó, se mostró muy
feliz y muy agradecido, no dejaba de dar brincos y mostrar su alegría para
quien lo había recibido y atendido. Una vez
enterado de su paradero, me aproximé al domicilio para explicar lo ocurrido con
Chico y toda su peripecia, − creo que podría concursar con Ulises y su Odisea –
cuando chico me vio desde el techo donde se encontraba, bajó raudo, llamé a la
puerta y una señorita amable me atendió, − Chico cuyo nombre original era Bolo − al ver que Chico salía decidido y entusiasta se atemorizó, pero mi tranquilidad
la hizo sospechar, hasta que el buen perro se lanzó sobre mí y no dejaba de
mostrar evidentes muestras de felicidad y gratitud. La señorita supo así, quién era yo.
Dejé muy claro que mi intención no era cobrar ni pedir retribuciones por los
cuidados, tan sólo que sepan lo que pasó su mascota, pero esto si me
asombró. Si mi perro vuelve luego de
tres meses a casa, casi me pongo como él, pero a ellos al parecer no les
importaba y tampoco a Chico, para Chico, eran sus amos y nadie más. Chico dormía en el techo o en la vereda de
las calle, la dueña se quejó de los pelos que botaba y si lo primero que me da
es una queja, el resto no quiero saber.
Creo con firmeza, desilusión y decepción que habría de ser uno perro para entender
el concepto de lealtad, compromiso y amor fraternal que Chico o Bolo mostró a
esta familia que de todo ello estoy seguro saben poco.
A mí no deja de mostrármelo, cada vez que lo encuentro por la calle, se
asegura de acompañarme, porque nada debe pasarme; un espartano como él, no
descuida a un miembro de su cuartel.
Dios los Bendiga amigos
Seguimos pronto
Bien por Chico da Silva porque mal que bien esta con su familia y es ahí donde se siente seguro muy a pesar de que ellos sean un poco indiferentes con él. Y no cabe duda que tú te ganaste su lealtad. Saludos
ResponderEliminarEso si, ver su gratitud cada que lo encuentro es mi mejor premio, gracias por la visita, saludos.
EliminarQuiza deberias hacerlo mas seguido, es interesante leer las cosas que escribes. Ademas asi aprendo a concerte algo más.
ResponderEliminarNo quise terminar el dia sin antes desear que hayas tenido un buen dia y que los demas sean mucho mejor, que este sea un nuevo año lleno de bendiciones y que cumplas todas los proyectos que tengas en mente ¡¡¡¡ FELIZ CUMPLEAÑOS NORBEN!!!!!
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