jueves, 28 de junio de 2012

Los sueños y el trabajo


Mi afición por el fútbol viene de muchos años, el estímulo que generó mi viejo fue demasiado para hoy dejar este tan hermoso sentimiento, sea como futbolista, como espectador, como aficionado y todo lo que tenga que ver con la sensación que genere este deporte en mí, sana por cierto.

De adolescente pertenecí a un club de fútbol, el que por medio de un profesor reclutó a todos los chicos con capacidades y habilidades de mi promoción de colegio para poder representarlos en el campo de juego.  

Los entrenamientos se hacían en un campo de futbol de tierra y piedras, donde me hice y formé, se reforzaban en el colegio porque el profesor de educación física era también el director técnico del club, era mi primera incursión en un torneo de liga, la competencia no me asustaba, mis compañeros estaban cerca, no había caras nuevas y todo era conocido, el representante del club, un profesor, nos mimaba en ocasiones casi frecuentes con un sanguchito y refresco que era recibido como el pago de una prima o un premio por haber ganado un partido de futbol profesional, todos nos sentíamos importantes, venían a recogernos en una camioneta Dodge celeste para la firma de la inscripción, al inicio estaba ahí y se preocupaba por nosotros y nuestra salud.  ¿Qué te duele? decía en ocasiones, se acercaba y frotaba con mano temblorosa y gesto preocupado, nos llevaban en la misma camioneta a todos a los partidos, esto nos hacía sentir importantes, valgo para alguien, pensaba yo; el hecho de no ser este Señor mi familia con su actitud realzaba la importancia que se le daba a las pequeñas promesas de futbolista, desde ese momento empezábamos a entender que el reconocimiento a tu labor o talento es una de las principales motivaciones para realizarnos y consolidarnos en el aspecto o ámbito en que nos desempeñemos.  Ahora sé que el exceso de esta muestra de gratitud nos hace pedantes y altivos, es difícil controlarlo, somos seres humanos.

Cuando perdimos el segundo partido consecutivo los sanguchitos y refrescos ya no eran tan frecuentes, la camioneta ya no subía a recogernos, cada quien veía como llegar al campo de juego, luego de unas semanas dejamos de ver casi por completo al profesor representante del club y la verdad lo hizo bien, poco a poco ya no se hizo extrañar, ni él, ni los sanguchitos y refrescos.

Yo jugaba de delantero, al menos en esa ubicación me colocaban por la habilidad para quitarme a los rivales y mi amor por el gol, me encantaba el gol, podía estar todo un día jugando y metiendo goles de todo tipo, eludiendo rivales y ridiculizando su esfuerzo por quitarme la pelota.  Así que Norben: tú serás delantero.  Queda dije feliz.

 El director técnico le dijo a mi viejo en alguna ocasión: “Norben tiene condiciones”.  Cuando mi padre la volcó hacia mí casi estallo en llanto de la alegría, el reconocimiento de un tipo que sabe era suficiente motivo para hacer una fiesta, así que el viejo quedó feliz con su engendro.

Durante mi estadía en el club pasaba por una racha de desaciertos supongo y el hecho de que era de los más pequeños de mi grupo, me hacía poco seleccionable, así que jugaba poco y de poco pasé a jugar nada, por lo mismo las motivaciones eran cada vez menores para conmigo, de hecho que juegues como titular hace que sientas respeto y admiración por ti mismo y de los otros también, que camines con algo de altivez en medio de tus compañeros, es inevitable notarlo fui adolescente y lo hice, como también lo hicieron conmigo.  Empecé a lamentar mi racha porque no hallaba más razones para ella, desde mi perspectiva sólo podría esperar que pasara, nadie me dio razones, nadie me otorgó opciones para meditar en mi bajo rendimiento, nadie lo notó y si lo notó, poco le importó.  Lamenté cada entrenamiento, cada partido peor, lo veía desde el banco siempre, oía cuando llamaban a tal o cual para ingresar, la vista en todas partes, el pensamiento sólo en el posible ingreso, el temblor de piernas, me sudaban las manos rogando para que ese viento traiga consigo mi nombre hacia mis oídos y así poder salir como golpeado por un percutor y mostrar todo lo que tenía.  Así pasaron varios partidos y como adolescente impaciente e inmaduro tuve que hacer algo.

Un día el profesor representante del club asomó luego de un partido el cual no recuerdo si ganamos o perdimos, para mí ya no era relevante si ganabas o perdías, no me sentía parte de la alegría de un triunfo o la tristeza de la derrota;  la oportunidad apareció como impuesta por el destino, el profesor quedó frente a mí y le mostré mi pena, ¿qué tienes? Me dijo con afán alarmado, lo que interpreté como un gesto de confianza y le indiqué:  “es que no juego profe, el profesor no me pone”, la respuesta fue inmediata y no se hizo esperar, lo primero que asomó fue una sonrisa que no me daba buena espina y me dijo: “Para qué, si tu eres maaalo” el adjetivo fue perfectamente descrito en su rostro con el gesto, su risotada con la que se celebró a sí mismo cerró la intervención, al menos de mi parte.

Aquella respuesta la recuerdo a la perfección hasta hoy, porque está anotada entre los sucesos más penosos de mi vida, yo no era un adulto, mis sentimientos no estaban firmes, no estaba preparado para entender que a un adulto no le importan los sentimientos del niño y menos que sus sueños no sirven y que es un tonto, en ese instante se irrigó por todo mi cuerpo una orden; no volver a jugar más al futbol, al menos no de manera oficial, así que mi bronca, pesar, tristeza, el nudo en la garganta que sólo se presenta cuando el amor te es esquivo y mi llanto para dentro(los hombrecitos no lloran) nos fuimos caminando a casa.
Los entrenamientos ya no fueron una motivación para mí, no fui más, no sentí remordimiento por no haber ido, menos medité lo bien que la debían estar pasando; así que me entregué al fulbito, a la pichanga callejera, a las aventuras por las chacras y otros que me hicieron olvidar de las competencias oficiales y los desdichados profesores como aquel.  Así pasaron tres años, fulbitos y otros sin participar en competencias oficiales, de verdad no me importaban.

Los sueños son algo que nos acompañan siempre, cada etapa de nuestras vidas soñamos pero el sueño se construye y se trabaja en ello, luego de la etapa en la que me olvidé de toda competencia decidí volver porque sabía de mi talento y además me lo pidieron. 

Hoy ya no es un suceso triste, hoy es un complejo tema de discusión para mi, el niño tiene sueños, algunos se lo trazan pero ellos solos no pueden, necesitan personas que los ayuden a construir esos sueños, a trabajar talentos y virtudes, sólo entendiendo esos conceptos podremos sentirnos orgullosos de un niño talentoso que va camino al éxito.  

Algunos años atrás pude ver nuevamente a ese tipo, que ciertamente cometió un error muy grande, pero en aquel momento no pude evitar las ganas de invitarlo al fresco y definir de formas nada amistosas aquello que el generó en este niño, hoy hombre, pero somos seres humanos y nos equivocamos siempre, así que asumí el error del desacertado hombre y lo pasé a mi olvido.

Cuando marqué el retorno, era capitán del equipo, ya no era delantero pues cambié a defensa central y con el carácter fuerte y temperamento aguerrido que caracteriza a este puesto me abrí paso en el mundo en el que hoy vivo feliz, el fútbol.

4 comentarios:

  1. Hola Norben
    Tu historia me parecio interesante y aleccionadora cuantas personas nos dejamos llevar por lo que nos dicen o aveces nos importa mucho que piensen de nosotros muy apesar de que nosotros mismos sabemos que somos capaces de muchas cosas. Que bueno que retomaste lo que mas te gusta y como tu dices vives feliz.
    La vida es para hacer lo que nos gusta y nos hace feliz..
    Carla

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  2. Gracias Carla por el comentario y como anotación puedo decir que los sueños se construyen a punta de fe y trabajo.

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  3. Si totalmente con trabajo y fe mucha fe para no rendirse aunque todo parezca negativo y oscuro y que ese objetivo siempre este presente.
    Ahora te voy conociendo mejor y veo que etas lleno de sensibilidad y no me equivoque siempre pense que eras asi un buen chico ahora un buen hombre.
    Muchos saludos
    Tu amiga Carla espero que me consideres asi bye

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  4. Gracias nuevamente por visitarme y leer las cosas que escribo, Dios te bendiga Carla.

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Por favor se pertinente y objetivo, mantén los principios del respeto en cada una de tus intervenciones, gracias.