lunes, 19 de diciembre de 2011

Bendito Terremoto



¿Quién podría imaginar que un terremoto traería tantas satisfacciones consigo? No creo que ocurra siempre y a nadie le gusta vivir un terremoto, pero yo lo viví y me da placer contarles acerca de las cosas que pasé luego del desastre.

Por junio del año 2001 me encontraba retozando feliz en mi casa luego de un almuerzo de fin de semana.  No puede haber algo más rico en una familia bendecida por Dios que una buena mesa de almuerzo.  Así fue pero lástima que dio las 3:21 de la tarde y empezó todo lo que uds. Amigos moqueguanos ya recordarán.

Aquel tiempo era bastante complicado dado que el mundo laboral me ofrecía pocas oportunidades sumado a la dejadez del tipo inmaduro que fuí en aquel entonces, que fatal combinación: poca oportunidad y dejadez.  Por aquel tiempo tuve una novia que de manera muy sutil, cualidad resaltante en las chicas; me indicaba que debía trabajar, debía conseguir algo y pronto, ¿no estás preocupado? -preguntaba en ocasiones- hoy lo recuerdo con mucha gracia.  Lo cierto es que todo indicaba que apuntaba a ser un bueno para nada si es que no te ponías a razonar conmigo acerca de mis inquietudes, es cierto que el asunto era difícil pero pude haberle puesto más empeño.  

Pero el posteo va en función a uno de los placeres más maravillosos de los que puedo gozar gracias a las bendiciones de nuestro Dios: La comida.  Mi deleite por la comida viene de tiempos, me gustaría decir inmemorables; pero ya que mi vida no es tan extensa sólo atinaré a decir que en mi corta existencia he gozado de cada potaje que me han presentado.

El terremoto fue quien me encausó a llegar a probar cada sazón, mano y amor para preparar el alimento, el único sentimiento generado en el estómago que cobra vida y le ordena al cerebro hacer lo inimaginable por saciar esa sensación y más aún en momentos tan tristes como el de aquel tiempo. 

La bendición vino por partida doble ya que el empleo era algo ajeno a mi vida desde hacía buen tiempo, así que empecé con el trabajo, el mismo que tocó a mi puerta y se ofreció.  Tan  fresco yo pedí una oportunidad que valió la alegría de uno de mis hermanos que se encontraba como yo, sin chamba.  Al final de ese día ambos teníamos una ocupación sin saber cuánto sería la retribución pero valió el gesto de mi amigo Martín que desde lejos siempre veló por el bienestar nuestro.

El contacto con una ONG que iba a construir módulos a familias en extrema pobreza y afectadas por el terremoto significó para mí una oportunidad maravillosa, no sabía que es lo que haría pero sería con todo mi empeño y jamás con desdeño, así que cité a mi hermano para el día siguiente y nos presentamos en el lugar pactado para empezar el tratado y luego unirnos a una de las cuadrillas que llevaría la alegría a distintas familias.

La principal condición con cada una de las familias era la alimentación de la cuadrilla, dependiendo de la hora que llegase por la casa tendría que portarse con la ración y no especular con una imitación.  Lo cierto es que jamás pensé en alimentar el ego de mi estómago o saborear un rico manjar, me bastaba con llenar o tanquear la mezcladora para seguir con la jornada, mucho menos si se trataba de humildes familias que habían perdido parte o toda su casa o peor... un ser querido, me tocó alguna vez lamentablemente comer de las manos de una madre que había perdido a un hijo y llevarme a la boca platillos que con dolor se habían concebido.  Pero ese no es el asunto principal, si lo es mi satisfacción que pone en mi mente la imagen de pavos, lechones, pollos, en sus diferentes presentaciones mas que como meros ornamentos a la vista, a pesar de ser un carnívoro por excelencia.

El día cumbre ha llegado y me toca ir a armar mi segundo módulo del día(eran tres por día) al sector que hoy conocemos como Ramón Castilla o Buenos Aires y sí que eran buenos porque el día ya pintaba bien, de inmediato nos recibieron con una chicha de jora a la cual el adjetivo de exquisito le quedó chico, fría, con el dulce justo y espumante como sólo ella, precisa para las 11 de la mañana y empezar con el módulo que sería su nueva casa.

Cuando dio las 13:00 horas ya era hora de almorzar y el hambre arreciaba en el estómago, ya el cerebro se vuelve inválido y transforma al cuerpo en un ser dependiente suyo.  A partir de ese momento sentados en el suelo y apoyados en una pared de adobe que aún quedó en pie todo indicaba que venía algo genial, con el descanso respectivo y aguardando el potaje de turno, la sazón nueva que encandilaría el alma, desfiló ante mi un vaso enorme de chicha de Jora para luego ceder el puesto a una sopa maravillosa con todas las de ley, llámese hierbas, vainitas, habas, choclo y un queso aparte para acompañar el delicioso caldo con sus habas, un caldo cholo. No probé en toda mi vida sopa más sabrosa que aquella, y no sólo era sabrosa, primero fue hermosa.  Luego del excelente inicio apareció su majestad el segundo, un plato de alverjitas verdes que estoy seguro me gradúo de chef y jamás volveré a ver, probar y mucho menos preparar uno como aquel, la pinta, el aroma y el sabor se complementaron a la perfección, tendrá que ver que vino de una cocina de leña y que fue hecho con manos humildes y con todo el amor del mundo, porque sí.. me trataron con amor porque yo les estaba haciendo su nueva casa, el remate fue una nectarín verde de 2.5 lts para cada uno, que por cierto jamás me gustó pero aquel día era la bebida más codiciada.  A esas horas, luego de tamaña experiencia y en estado de shock, el aire moqueguano de aquel momento en ese sector hacen que ahora mismo desee establecer mi ONG constructora de módulos tan sólo por repetir aquel suceso, no volverá pero sí quedó grabado para la eternidad en mi memoria.

Así que sólo puedo decir que el gozo en mi vida me lo han dado los momentos más sencillos, aquellos que cuestan poco y se goza mucho, aquellos donde los principales protagonistas son gente como yo, que la sufrió y retoza recordándolo.  

A partir de hoy no voy a caminar con un zapato buscando el pie que le encaje si no, una cuchara que sonría al sumergirse en una olla y provoque la sensación que me transformó la forma de ver la comida, así como por Ramón Castilla Buenos Aires, así dice la 8B.

Dios los bendiga
Seguimos pronto


5 comentarios:

  1. y es asi, los momentos sencillos te brindan tanta satisfacción ... tan bueno es saber que no cuesta nada disfrutar de lo maravilloso que existe aqui.
    Simple y exquisito ... definitivamente se puede saborear la vida.

    Ache

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  2. QUE LINDA EXPERIENCIA Y ME DA GUSTO QUE LA COMPARTAS, SOLO NOS QUEDA AGRADECER A DIOS POR ESOS MOMENTOS INOLVIDABLES QUE NOS TOCA VIVIR.
    SALUDOS
    CARLA C.

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  3. Gracias Carla, vivo agradecido al todopoderoso hasta en la desventura... hasta en el terremoto.

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  4. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso x la tierra es tan corto, q sufrir es una perdida de tiempo. Saludos. Bea ;)

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  5. El sufrimiento es una parte de nuestras vidas, no podríamos aprender nada si no sufriéramos para conseguirlo. Es parte del paquete de vivir.

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